domingo, 13 de junio de 2010

I Cento Passi

Ayer, luego de unos meses, se retomó el esperado y necesario Cine Debate y Mate en el Centro Cultural. Y esta temporada se inició con la película italiana "Los Cien Pasos" de Marco Tullio Giordana.

Este film se basa en una historia real ocurrida en un pequeño pueblo de Sicilia a finales de los años setenta. En aquella atmósfera provinciana, un joven cuya familia ha estado vinculada, de por vida, a la mafia local, decide rebelarse y emprender la lucha contra la corrupción y el sometimiento, contra la injusticia de las relaciones sociales en que los individuos estamos inmersos.

Finalizada la proyección, se dispusieron algunos tópicos de discusión que partían de determinadas escenas que produjeron fecundos intercambios de opinión, sobre todo, al llevar tales opiniones a situaciones que vivimos cotidianamente los asistentes al cine debate. Así, algunos estudiantes del Instituto Superior de Formación Docente N° 82, que se acercaron a ser parte de esta actividad, mostraron su identificación con el proceso de lucha recientemente vivido.

¿Qué cambios sociales pretendía el protagonista? ¿Qué cambios sociales pretendemos nosotros? ¿Hasta dónde llega el compromiso "militante"? ¿Hay diferencias de métodos o de objetivos en las organizaciones sociales en lucha? Por otro lado, ¿cómo se aborda la indiferencia y la apatía que se percibe como generalizada? ¿Cuánta repercusión/referencia producen las acciones que se llevan a cabo? En este sentido, ¿qué cambios produjo la lucha estudiantil dentro del Instituto 82? Por último, ¿sirve una lucha dentro de estructuras institucionales? ¿hay que ocupar los intrumentos hoy viciados y en función del poder hegemónico? ¿de qué maneras puede lograrse esto?

Esos son, entonces, algunos interrogantes que se plantearon y que trajo interesantes y productivas reflexiones. Proximamente, se iniciará un ciclo que se inclinará a la temática de los medios de difusión másiva, hoy tan en boga a raíz de la ley de medios audiovisuales. Los invitamos a participar del mismo. Pronto mayor información.

miércoles, 9 de junio de 2010

Lucha de clases en la escuela pública

Si bien este es un artículo que tiene más de un año y expresa al final más que una propuesta seria un cierre casi literario, el nudo de análisis es un excelente disparador para abordar la situación educativa. A su vez, es una forma de tener presente la agonía de un diario en el contexto de la nueva ley de radio difusión y sus supuestos beneficios.
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Lucha de clases en la escuela pública
Por Martín Caparrós
01.03.2009
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Hoy empiezan las clases y no empiezan las clases: para la mayoría de los alumnos argentinos, esta mañana no hay escuela. Los maestros de medio país van a la huelga para pedir un sueldo que ninguno de nosotros, periodistas, por ejemplo, aceptaría ni para empezar. Son sueldos tan elocuentes, tan didácticos: dicen, antes que nada, que a la sociedad argentina la educación le importa tres carajos. O, mejor: que a la sociedad argentina le importa tres carajos la educación de sus pobres.
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Soy un producto de la escuela pública argentina y a veces, cuando me distraigo, me da orgullo; mi hijo también fue a la escuela pública y acaba de terminar su quinto año. Pero en las décadas que pasaron desde que empecé primer grado –inferior– nuestro sistema educativo cambió brutalmente. Cuando yo era chico sólo iban a colegios privados los garcas que querían educarse a fuerza de hostias y los raros que preferían hablar otros idiomas y los vagos que la escuela pública no soportaba más. Pero mis amigos y yo –hijos de la clásica clase media porteña– sabíamos que el sistema de educación estatal era nuestro lugar: la escuela pública era la mejor, la primera opción. Ahora no: mis amigos dudan mucho antes de mandar a sus hijos a una escuela del Estado –y la mayoría no lo hace.
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La educación pública ya no es para todos, ni para el que la elige; es para quien no tiene más remedio. Tres de cada cuatro alumnos estatales pertenecen al tercio más pobre de la población. Entre el 20 por ciento más pobre, nueve de cada diez van a la escuela pública; entre el 20 por ciento más rico, uno de cada siete. Y la tendencia se acelera: en 1997 el 24 por ciento de los chicos acomodados iba a escuelas públicas; en 2006, según un informe del Centro de Estudios de Políticas Públicas, sólo el 15 por ciento. Las cifras precisan lo que ya sabemos: que los padres quieren mandar a sus hijos al privado porque –mejores o peores– por lo menos les garantizan que van a tener clases. Cosa que el Estado no consigue hacer. Así que, entre 2003 y 2006, en apenas tres años kirchneristas, 800.000 argentinitos –casi todos los que pueden– pasaron del público al privado. En la escuela sarmientina quedan los que no pueden: los más pobres.
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El fracaso de la educación pública es el efecto más espectacular del derrumbe del Estado argentino. Solía ser su estandarte: la forma más eficiente de producir esa relativa integración social que nos constituyó como país, en esas aulas donde, bajo los delantales blancos, las clases sociales se mezclaban por un rato y se formaban con las mismas consignas, las posibilidades brevemente emparejadas. La educación pública servía para equilibrar, para integrar, para “redistribuir” –y para producir un país más educado, con mejores posibilidades en todos los terrenos. Ahora parece como si no importara. Y, de hecho, no les importa a los que manejan el Estado: hace mucho que mandan a sus chicos a colegios privados. Es una característica de muchos estados actuales –sus dirigentes no se incluyen en ellos, no usan sus escuelas y hospitales, no le pagan impuestos, no respetan sus leyes–y es curiosa: ¿quién se imagina al gerente de la cocacola pidiéndose una pepsi?
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Así que tengo una propuesta populista para encarar la cuestión educativa. Es una ley que habría que votar cuanto antes: “Queridos gobernantes, no todo pueden ser alegrías, ganancias extraordinarias, honores merecidos, gratitud popular. Los cargos deben tener alguna carga. Y ésta será modesta pero inflexible: se ordena, so pena de prisión y pedorreta pública, que todos los funcionarios del Estado –de un nivel equis para arriba– manden a sus hijos y nietos, sin excepción, a la escuela estatal más cercana”. Es posible que, entonces, la educación pública mejore seriamente. Así estamos, en la lucha de clases.
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martes, 1 de junio de 2010

Educación por el piso, estudiantes de pie

Debajo reproducimos una convocatoria del Centro de Estudiantes
de la Escuela de Arte Leopoldo Marechal

FESTIVAL Y CORTE
Miércoles 2 de Junio en Ruta 3, Km21
ESCUELA DE ARTE LEOPOLDO MARECHAL

Los estudiantes de la Marechal hemos resuelto, luego de innumerables reclamos y movilizaciones, realizar un Festival cortando la Ruta 3 en defensa de nuestra educación. La Direccion Provincial de Infraestructura Escolar no ha finalizado las obras prometidas para que podamos utilizar el 4º y 5º piso de la sede en Isidro Casanova. Esto genera que muchos compañeros no tengan lugar para cursar, que estén en interminables listas de espera o cursando cada 15 días o cada 1 mes. Además de esto, siguen sin nombrarse las horas que deberían haberse abierto para este año.

También estamos reclamando en conjunto con la Escuela Técnica Nº1 y el Hospital Paroissien la limpieza, iluminación y mantenimiento del predio que compartimos en el Km21 de la ruta 3, ya que las condiciones de higiene y seguridad son muy malas.

Adhieren y acompañan este reclamo Terciarios y Escuelas de Arte de la Provincia de Bs As quienes de alguna u otra manera están sufriendo los mismos problemas. Invitamos a participar del Festival a toda la comunidad. Se realizarán clases abiertas, exposiciones, murales en vivo, tocaran grupos de música, murga y mucho más. A partir de las 12hs.
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CENTRO DE ESTUDIANTES “EL TáBANO”